Para los más grandecitos, aquellos que dicen conocer de la vida y sus pormenores, Pablo Zelaya Huerta sería algo así como el “loco de la guerra” que alimenta su vida y sus sueños con adrenalina pura. Es más, lo de loco viene a colación de sus formas de entrenamiento en la calle. Ver a una persona arrastrando una cubierta de camioneta con una pechera improvisada, apoyándose en bastones de esquí, resulta extraño. Demasiado.
Pero él lo toma con naturalidad. De esa forma se prepara para encarar su siguiente desafío: recorrer de sur a norte los 1.200 kilómetros de la Antártida. Nada menos.
Zelaya Huerta es un tipo que vive para los desafíos, esos a través de los clubes exteriorizados al mundo sus ideas. Esa que resultan temerarias para quienes evitan salir del confort de la gran ciudad. A él le gusta el frío; le gusta vivir en la montaña y sentirse cerca de la naturaleza. Su segundo nombre es adrenalina.
El año pasado estuvo cerca de hacer cima en el Monte Everest, el techo del mundo ubicado por encima de los 8.800 metros de altitud sobre el nivel del mar. En 7.800 debió decidir si seguía o regresaba.
Era proteger su vida o enfrentar a la muerte. En aquel momento, Pablo estaba en una situación crítica, con manos y pies congelados y cuerpo a punto de no responder como corresponde Decidió regresar. Se recuperó y a las pocas horas, como quien sale del patio de su casa, fue al rescate de dos amigos, un indio y un mexicano, con los que había compartido parte de la expedición por la cara norte del Everest, la temible, la indomable.
Zelaya Huerta no pudo colocar la bandera del Bicentenario en la cima del Everest pero salvó las vidas de sus amigos. Así se convirtió en un héroe, tanto para colegas andinistas como para sus hijos y amigos. Está orgulloso. “Los más grandes me miran raro, pero los chicos creen que soy algo así como un Superheroe. Cuando volví de Nepal tuve que organizar una pijamada para los peques que me querían conocer, je”, se ríe Zelaya Huerta, metido de lleno en este proyecto ambicioso, con fecha de inicio el 5 de enero de 2018, y que le llevará casi 70 días de caminta, si todo sale bien.
Caminar por la Antártida no es una misión sencilla para este hombre que ya tiene en su haber, por ejemplo, ocho cimas en el Cerro Aconcagua, Mendoza, dos seguidas después de no haber llegado al cielo en el Everest.
Pero ahora la situación cambia. Es otra la prueba. Además de luchar contra el clima, hay que luchar contra la cabeza: Zelaya Huerta quiere ser pionero en esta cruzada. “Me gustaría convertirme en el primer latinoamericano en cruzar el Polo Sur. De la Antártida al mar. Iré asistido por una empresa estadounidense y saldré en latitud 90° grados con relación al Norte. ¿Cómo me moveré? Haciendo esquí de fondo: me iré deslizando por la nieve. Si el clima lo permite, la idea es hacer entre 25 y 40 kilómetros de marcha diarios. Y cada 200 kilómetros parar dos días para descansar y recuperarme físicamente”, enumera parte de la estrategia que tiene pensada desarrollar Pablo para encarar su incursión en la Antártida.
La tecnología ayuda
No estará sólo en esta cruzada. Desde la base americana velarán por su seguridad. Mientras él avance, irá marcando puntos vía GPS para dar con su ubicación. En caso de emergencia existe el famoso botón rojo de extracción. Es más, la tecnología le dará la chance de transmitir en vivo desde donde esté. Se podrá seguirlo vía Facebook.
La travesía que realizará es un reto al físico. En verano no existe la noche. “El día dura seis meses. Tendré que sincronizar muy bien el ritmo, hacer 10 horas de marcha y luego descansar”, explica “Zelay”, que empujará un trineo con un peso total de 110 kilos, entre alimentos y elementos de supervivencia.
Tendrá consigo un teléfono satelital adaptado a los tiempos modernos. “Puedo usar todas las funciones de mi smartphone; es buenísimo. De esta manera podré enviar mensajes de una ONG con la que estoy cerrando (apoyo) en estos días”, comenta.
Ir al Polo Sur no es barato. Es una odisea que cesta más de U$S 85.000 dólares. “Espero que las empresas que estuvieron conmigo antes me den una mano. Y también espero que otras nuevas me acompañen”, eleva una plegaria Pablo mientras imagina qué es lo más loco que podría pasarle durante la extensa expedición. “Además de convivir con temperaturas que oscilan entre los -25 y -70 grados centígrados habrá que ganarle a la cabeza. Sólo me sentiré acompañado y algún día si me cruzo con algún deportista nórdico que se pasea en bicicleta o cometa por el Polo. Es común eso, aunque suene raro. Pasa que acá, los que soñamos con cumplir una prueba así, terminamos catalogados como locos, je”.
La higiene, todo un tema
Durante su estadía en La Antártida, todo desecho sólido deberá ser cargado por Zelaya Huerta. “El ambiente no está contaminado ni podés contaminarlo, por lo que todo lo sólido que elimine el cuerpo debe regresar contigo en una bolsa, ja, ja. Es más, no podés ir al Polo si estás enfermo”, reveló.
Lo que se dice, un verdadero desierto
“A diferencia del norte, el Polo sur no tiene fauna. No hay nada en ningún lado. A lo sumo, me puedo llegar a cruzar con un ‘gringo’ en cometa o en bicicleta”, comentó.
Una misión costosa pero con fin benéfico
Al igual que cuando intentó hacer cima en el Monte Everest, la idea de Pablo Zelaya es buscar concientizar con diferentes mensajes. En los próximos días viajará a Europa, donde le esperan una serie de reuniones con diferentes ONGs que quieren apoyar su idea de cruzar el Polo Sur. El costo en sí de la travesía asciende a los U$S 85.000. “Es costosa, así que espero contar con el apoyo de la gente”, pide el hombre.
Al glaciar, preparado para todo
No todo será llano en el camino que separará a Zelaya Huerta de la costa antártica. “Es un glaciar y como tal hay grietas que tendré que cruzarlas. Llevo todos los materiales necesarios para escalar y descender. Ojalá salga todo bien”, explicó.
Con la música a todos lados
En total, si todo sale bien, desde su partida de Tucumán hasta regresar al Polo serán 70 los días que Pablo pasará en acción. “Voy bien preparado. Llevo todo tipo de música. Y si me aburro allá, llevo algo de Pimpinela por las dudas, ja, ja, ja”, bromeó.